La danza inclusiva

Ellos buscan traspasar las fronteras de la discapacidad, y lograron encontrarlo a través de la danza. Danza sin fronteras es un grupo de tango y danza contemporánea para personas con y sin discapacidad, al cual pertenece Gabriela Torres. A los 2 años sufrió un accidente cuando volvía de vacaciones con su familia, el cual le provocó una lesión medular, y a los 4 años comenzó a usar silla de ruedas.

 

Si bien Gabriela no se imaginaba que su vida iba a estar representada por la danza, la silla de ruedas fue algo que nunca se lo impidió. "Es una extensión de mi cuerpo. Nunca me dije a mi misma 'no puedo', sino que busco cómo hacerlo porque siempre primero está la posibilidad", asegura.

 

Hoy, después de 38 años de su accidente, afirma que su discapacidad la llevó a realizar kinesiología, natación y equinoterapia desde siempre para darle energía y vitalidad a su cuerpo. A los 23 años, al caerse de un caballo, tuvo tres meses de reposo y fue ahí que, navegando por internet, descubrió un taller de danza donde se anotó.

 

Torres, participó varios años en diferentes cursos de danza de la Universidad Nacional de las Artes, y formó parte del grupo Alma. Allí conoció el tango, gracias a una de sus compañeras. En 2014, buscando conectarse con sus raíces y compartirlas con otros, junto a otros bailarines, fundó Danza sin Fronteras. "La danza me dio libertad corporal y la posibilidad de ser una artista", destaca Gabriela que, en 2015, se convirtió en la primera participante en silla de ruedas del Mundial de Tango.

 

Danza sin Fronteras está integrado por siete bailarines y a fines de junio estrenan su nueva obra ´Cartografías Porteñas´. Mariano Landa, otro artista del grupo, tiene 36 años y está en silla de ruedas también desde los 27 por consecuencias de ataxia de Friedrich, enfermedad que le diagnosticaron a los 19 y que afecta progresivamente los reflejos y la coordinación, generando un debilitamiento de los músculos. "Nunca se apuntó a que las obras sean 'integradas', sino a que cada uno baile con lo que es", afirma el bailarín.

A Mariano le costó aceptar su enfermedad, viajó a España para investigarla, y en el año 2004 fundó la Asociación de Ataxias de Argentina (ATAR) junto con su madre, ya que ella sintió la necesidad de unir a todas las personas con esta misma enfermedad en el país.

 

Esta asociación que conformó Mariano, lo llevó a involucrarse día tras día con esta causa. Lugar donde conoce a Mariana Paz, la madre de un chico con ataxia, que le cuenta del club de circo ‘Redes’, y lo invitó a probar las clases de arnés, trapecio y tela. Meses más tarde, Mariano comienza a dar clases de circo a chicos con TEA (Trastornos del Espectro Autista) y síndrome de Down en el mismo espacio, hasta que, en 2015, lo contactaron desde Danza sin Fronteras para invitarlo a sumarse al grupo de bailarines.

 

Con cada coreografía que crea Mariana Chiliutti, directora de Danza sin Fronteras, busca evitar el "golpe bajo" o la espectacularización. "No buscamos que se vea una persona en silla de ruedas, sino que el público se sensibilice con lo que hacemos y practiquen la inclusión con la persona que tienen al lado", explica. Uno de los principales objetivos es fortalecer la inclusión social desde el entrecruzamiento entre el arte y la discapacidad, con la idea de poner el foco en mirar a los demás y a uno mismo sin juzgar y que se aprendan de las propias dificultades.

 

Para concluir Mariano y Gabriela fueron muy críticos con respecto a la mirada que tiene la sociedad para con las personas con discapacidad. Por eso buscan visibilizar desde su arte, donde sus obras pueden emocionar, pero afirman que es porque hay mucho trabajo y un producto artístico de calidad.

 

 

Fuente: La Nación

Por Lucía Rodriguez

Fundación Por Igual Más

Colabora en la corrección: Sofía Rodríguez Galván


Article Tags: #inclusiónSocial #EscuelaEspecial #Danzas #Arte
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