En esta columna rescatamos los relatos, las prácticas, los valores y la voz de las personas con discapacidad. Son ellas mismas quienes nos cuentan todo lo que hacen en su día a día, sus sueños, proyectos desarrollados y los desafíos que enfrentan y superan cada día. La mirada en la CAPACIDAD es el hilo conductor de estas historias. ¡Conocelas!

Ella es Dora, profesora y secretaria

Soy Dora Juana Guevara y tengo 71 años. Nací el 10 de febrero de 1948 en la ciudad de Bell Ville, Córdoba. Actualmente soy jubilada, ejercí muchos años el cargo de administración pública y profesora de biología en Instituto Doctor Ramón Carrillo de Bell Ville.

 

En mi día a día hago muchas tareas, sobre todo las habituales de la casa como limpiar, planchar y cocinar. Una de las actividades que más me gusta es tejer, lo hago a dos agujas y también hago crochet. Además, de lunes a jueves voy a rehabilitación.

 

Mi discapacidad se debe a la poliomielitis que la contraje en el año 1950, y me dejó la secuela motriz en los miembros inferiores. En esa época no existía la vacuna antipolio, además, casi no se conocía cual era la causa.

 

Puedo decir que mi discapacidad si me impidió hacer cosas. Mi sueño fundamental, antes de terminar el secundario, era entrar a la Escuela Normal, poder estudiar ahí y ser maestra, porque en esa época era la tarea fundamental y más relevante de la mujer. Pero yo no pude realizarla porque no daba el apto físico debido a las secuelas que me dejó la enfermedad. Sin embargo, eso no fue un obstáculo porque realmente yo insistí en que quería seguir estudiando. Como mi hermana iba al Colegio Superior de Comercio, I.P.E.M. N° 140 Domingo Faustino Sarmiento, que era nocturno, decidí terminar el secundario ahí. Una vez finalizado, tomé la decisión de inscribirme en el profesorado Mariano Moreno de Bell Ville, donde me recibí de Profesora de Biología y Geografía, profesión que ejercí durante 22 años, a la vez que realizaba la tarea de administración en el registro nacional del automotor.

Mi reinserción en la sociedad fue dificultosa. Hice terapia muchos años para poder superar las barreras, sobre todo las que nos ponemos nosotros mismos. El querer ir al mismo nivel que los demás, cuando somos personas que tenemos una secuela y debemos readaptarnos para podernos ubicar, incorporar al medio social, trabajar y tener un sueldo, llegar al día de mañana y tener una vejez digna y con una jubilación. En mi caso no es tan digna porque solo me reconocieron lo de la nación, pero bueno no se puede llorar sobre la leche derramada.

 

He logrado muchas cosas, tengo espíritu de lucha, soy constante y agradezco a Dios por haberme dado mucha fortaleza y voluntad para ir superando todos los obstáculos que se me presentaron en la vida.

 

Dos de las cosas más importantes que tenemos que superar nosotros son la discapacidad y los afectos. Porque somos diferentes y con secuelas que nos tornan feos, hablando mal y pronto. Somos seres que sentimos lo mismo que cualquier otro, es decir, necesitamos de las caricias, de los abrazos, de lograr formar una pareja y tener hijos. Todas esas cosas que forman parte del “común” del ser humano que ,cuando vienen al mundo, lo tienen. Para nosotros es una batalla terrible lo que tenemos que superar, el no sentirnos totalmente aceptados. Con eso de “no pueden”, o sea, se anulan un montón de sentimientos que queremos complacer y no lo podemos complacer porque no podemos comprar afecto, ni amor, ni una familia. En ese sentido se sufre muchísimo.

 

 

Por Lucía Rodriguez

Fundación Por Igual Más

Colabora en la corrección: Sofía Rodríguez Galván



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  • Tipo Discapacidad Motriz