En esta columna rescatamos los relatos, las prácticas, los valores y la voz de las personas con discapacidad. Son ellas mismas quienes nos cuentan todo lo que hacen en su día a día, sus sueños, proyectos desarrollados y los desafíos que enfrentan y superan cada día. La mirada en la CAPACIDAD es el hilo conductor de estas historias. ¡Conocelas!

Romper las barreras

Daniela Hidalgo es de Salta y está estudiando Psicología en la Universidad Católica de Córdoba. A los tres años perdió la visión como consecuencia de un retinoblastoma, un tumor en la retina.

 

En esta nueva nota de “Capacidad en Primera Persona”, Dany nos cuenta un poco sobre su vida, sobre cómo empezó a estudiar psicología y sobre las barreras que tuvo que romper para estar donde hoy está.

 

 

 

Mi nombre es Daniela Hidalgo. Tengo 33 años. Soy de Salta y estoy, desde el año pasado, estudiado Psicología en la Universidad Católica de Córdoba.

 

En realidad, empecé la carrera en Salta, hace 10 años aproximadamente, en la Universidad Católica de Salta. Decidí estudiar Psicología porque me gusta mucho escuchar y analizar a las personas. También me gusta observar las conductas y cómo se relaciona la gente, porque yo considero que observar no es sólo con los ojos.

 

Me llevó muchos años estudiar en Salta porque a la hora de cursar tuve muchos obstáculos por ser una persona con discapacidad. En primer año se me presentó mi primera dificultad que tuvo que ver con el acceso a la bibliografía ya que fui el primer caso de alumna ciega en esa carrera. En consecuencia, la digitalización de los apuntes la tenía que hacer por mi cuenta y eso me llevaba tiempo extra. Es decir, me llevaba dos o tres veces más que el tiempo que te puede llevar sentarte a simplemente leer, ya que era ir hoja por hoja escaneando los libros. Esa fue una dificultad que tuve durante toda la carrera y la causa de que me costara llegar a tiempo a los parciales y a los finales. 

 

En segundo año cursé Estadística y fue la primera materia que me costó porque es todo muy visual, muy gráfico. En consecuencia, empecé a presentar notas a la Universidad pidiendo una solución para poder cursar. Ahí, lo que hicieron fue asignarme dos tutoras para todas las materias, una psicóloga y una profesora en Educación Especial. Lo que ellas hacían era transcribir los exámenes. Es decir, yo los podía hacer escritos en braille y ellas los pasaban a tinta. En Estadística, por ejemplo, me adaptaban las tablas. Igualmente seguí teniendo dificultades y tuve que cursar tres veces la materia para aprobarla.

 

Con otras materias me pasó lo mismo. Por ejemplo, en Técnicas Proyectivas los profesores se oponían a que yo curse la materia porque decían: "no creo que ella pueda entender un gráfico", "no creo que ella tenga que hacer Psicología o ser psicóloga porque no va a poder tomar test gráficos y nosotros consideramos que es fundamental que un psicólogo pueda hacerlo". Otros decían: "es un peligro darle un título".

 

Yo creo que todo esto pasa por el prejuicio, por las barreras mentales. Muchos piensan que cuando alguien se sale un poco de la norma, de lo que se considera "normal", está mal y dicen: “no podés estar acá”, “vos no podés hacer esto”, “vos no podés venir al gimnasio porque sos ciega”, “no te puedo enseñar computación porque sos ciega”. Yo creo que el problema no es por ahí no saber hacer adaptaciones, sino que es no querer saber, aún cuando el mundo no está hecho solamente de personas "normales". 

 

A pesar de todo y con mucho esfuerzo logré mostrar que podía cursar esas materias. Sin embargo, para ese momento ya habían pasado diez años. Diez años en los que estuve peleando, luchando para poder recibirme de psicóloga. Para cuando me quedaban diez materias para recibirme me di cuenta de que no aguantaba más. Había cambiado el plan y dejé de tener la beca. Entonces, empecé a buscar personas que se hayan recibido de psicólogas en otras provincias y me entero de que una de las principales ciudades, cerca de donde yo estaba, en las que más psicólogas recibidas había era en Córdoba. Esto me dio fuerzas, me llevó a decir: "no es una locura lo que yo estoy buscando, no es algo totalmente fuera de foco lo que quiero". 

 

Finalmente, vine a averiguar acá a la Católica. Me inscribí y por suerte me reconocieron el 50% de las materias. Si bien puedo decir que hacer esto implicó perder algunas cosas, gané muchas otras. En este caso yo gané en comodidad, en tranquilidad, en tener ese alivio o esa alegría de poder cursar como cualquier otro y de que se evalúe mi rendimiento como el resto de los alumnos. Actualmente me queda, para recibirme, tres materias de cuarto y todas las de quinto, es decir, aproximadamente dos años de cursado. Además, cuando me reciba me gustaría dedicarme a la parte de clínica y psicoanálisis.

 

 

Lo que a mí me sorprendió muchísimo cuando me vine a Córdoba es el cambio que se produjo en mí y que se refleja en mis resultados actuales, que son muy diferentes de mis resultados en Salta. Por ejemplo, por primera vez experimento lo que es sacarme dos diez en un mismo día, aprobar dos finales con diez, rendir en un mes ocho finales, participar en clase, hablar sin que nadie me esté ahí juzgando. Entonces, para mí, yo gané.

 

Además de la Facultad, juego al fútbol en el Club Municipal de Alta Córdoba. El equipo femenino, “Las Guerreras”, es el primero del mundo y el primero del país. El entrenamiento es a nivel profesional y lo hacemos los días lunes, martes y jueves. Se trabaja con mucha dedicación, con mucha seriedad. En octubre del año pasado viajamos a México a conocer a otro equipo que se formó y a jugar un partido, y en febrero de este año viajamos a Japón para jugar con la selección. 

 

 

 

Por María Clara García

Equipo de Prensa

Fundación Por Igual Más

Colabora en edición Sofía Rodríguez Galván


Article Tags: ##ceguera #. deporte inclusivo #Capacidad en primera persona #psicologia ##integración
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  • Pais Argentina
  • Provincia/Estado Córdoba
  • Ciudad/Localidad Córdoba
  • Tipo Discapacidad Visual
  • Tipo Institucion Otro