Literatura que se palpa y se escucha

La lectura es un derecho por el que las personas ciegas luchan con la ayuda de las nuevas tecnologías

Los libros pueden ser una gran fuente de placer. Con ellos podemos reír o llorar, viajar, aprender y descubrir cosas nuevas... A veces nos envuelven tanto con sus historias que podemos revivir las emociones descritas con tanta intensidad como si las estuviéramos experimentando en primera persona. Toda una aventura.
 
Sin embargo, hoy en día, para muchas personas ciegas o deficientes visuales (tienen algún resto visual) es complicado ejercer este privilegio y derecho. En este sentido, a principios de verano, la Comisión Europea apoyó aplicar una exención de los derechos de propiedad intelectual a los libros destinados a personas invidentes o discapacitadas visuales a partir de 2013, con objetivo de facilitar y abaratar el acceso a los mismos. Un derecho por el que estos discapacitados han luchado mucho.
 
A día de hoy, en su batalla particular, la ONCE trabaja para hacer más accesible la literatura a estas personas, prestándoles diferentes soluciones y servicios. Como explica Ana Dávila, jefa del departamento de Servicios Sociales de la delegación del País Vasco, para poder recibir las ayudas que la organización promueve, es necesario ser afiliado; y, para ello, es indispensable cumplir unos requisitos: "Hay que tener una perdida de agudeza visual de al menos el 90% en ambos ojos o una perdida de campo visual de 10 grados o menos, y tener nacionalidad española".
 
 
El siguiente paso es aprender a leer braille mediante la formación que se les presta desde la organización. Para ello cuentan con "grandes profesionales que son expertos en este código de electro-escritura al tacto". Además de los libros en braille, hay otras opciones para acceder a la literatura, como es la de los audiolibros, que consisten en la escucha de una grabación narrada por un locutor. Existen dos tipos de audiolibros, los Tlo y los Daisy. Los Tlo se reproducen de manera simple, como si fuera una canción; en cambio, los libros que funcionan a través del sistema internacional Daisy posibilitan el navegar dentro del mismo, facilitando así su lectura. "Se puede seleccionar por capítulos, páginas o frases; además, sabes en todo momento en qué parte del libro estás y cuánto te queda para terminarlo", dice Dávila.
 
 
Estos libros en audio y braille los produce la propia organización, que cuenta con un servicio de producción bibliográfica centralizada en Madrid y Barcelona, aunque también hay otras unidades de captación bibliográfica en cada Comunidad Autónoma. Es el caso de Euskadi, que además de diversos libros en castellano produce la totalidad de los libros en euskera. De todos modos, este último proyecto tuvo que esperar hasta 2007, año en el que ONCE y el Gobierno vasco firmaron un convenio que facilitaba esta producción. Inma Arrieta, que trabaja tres veces por semana en la Biblioteca situada en la sede central de Bizkaia de la ONCE, cuenta que la producción de estos libros es "muy costosa"; por lo tanto, la edición de un libro en concreto se lleva a cabo "si un afiliado hace esa petición y si se considera que puede ser interesante para el resto de usuarios".
 
Además de su elevado precio, hay que tener en cuenta que la impresión en braille es "muy voluminosa". Normalmente ocupa el doble de un libro en tinta, y muchas veces se requieren varios volúmenes para un solo libro. Con los audiolibros ocurre otro tanto; tampoco son baratos, ya que necesitan la locución de profesionales.
 
En la actualidad, esta organización dispone de un fondo bibliográfico de 19.961 títulos en formato braille y 20.756 en Daisy, a los que se puede acceder en calidad de préstamo. Para la devolución de los mismos existe una gran flexibilidad (se intenta adaptar a la realidad de cada caso); tampoco hay penalizaciones. En el caso de los libros en euskera en total hay 529 libros y según Arrieta la demanda es "cada vez mayor".
Pero el mayor volumen de pedidos se produce en la Biblioteca Digital de la ONCE, a la que se accede por internet y en la que el propio usuario descarga las obras; basta con identificarse en la página y cualquier usuario puede acceder a 14.173 títulos en formato Tlo y 20.090 en formato Daisy.
 
Este servicio digital es el más utilizado sobre todo por los usuarios jóvenes. En cambio, los mayores utilizan más la biblioteca tradicional. "Les gusta venir aquí porque aparte de ser más fácil para ellos, charlan con otros usuarios y comentan los libros que están leyendo", afirma Inma Arrieta. Los datos también confirman esta tendencia, puesto que el número de lectores de braille registrados como usuarios de la Biblioteca Central es de 1.695 personas, mientras los usuarios de la Biblioteca Digital alcanzan la cifra de 4.000 personas (lectores y no lectores de braille, pero con discapacidad visual).
 

TIFLOTECNOLOGÍA 
 
Gracias a la tiflotecnología (tecnología adaptada para ciegos) pueden leer en los diferentes soportes tecnológicos más modernos, como por ejemplo un ordenador o un iPad. Marta Alegría, trabajadora del aula tiflotecnologica, cuenta que para estos casos existen dos tipos de adaptaciones, según la situación del usuario. En el caso de la lectura en el ordenador, si el usuario puede acceder visualmente a la pantalla (sería el caso de los deficientes visuales), existe una aplicación que simplemente aumenta a gran escala lo que aparece en pantalla, y esto facilita la lectura. Además, a esto se le puede añadir un sintetizador de voz que reproduce en audio.
 
 
Para la gente que no puede acceder visualmente (en el caso de ciegos o deficientes visuales que no pueden leer de una pantalla) existen, además del sintetizador de voz, otras opciones: la línea braille que consiste en una línea en la que colocando los dedos encima realiza la traducción inmediata a braille de lo que aparece en pantalla. "En el caso del iPad es muy parecido, se puede leer aumentando la pantalla o mediante el sintetizador de audio". Para leer en este tipo de aparatos el invidente recibe clases de formación en el aula de tiflotecnología, de la mano de instructores como Alegría. Con estas mismas herramientas, además de leer un libro, el usuario puede acceder a internet, escribir en un Word o escribir un correo electrónico. En definitiva, se trata de unas aplicaciones que ayudan a los ciegos a disfrutar con el mundo de las letras, ya sea viéndolas, tocándolas o escuchándolas.
 
 

Article Tags: #personas ciegas #nuevas tecnologías #tiflotecnologia #literatura
Share     Report     Print Article
0 comments